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DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

“La decisión de proclamar el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía fue aprobada por la UNESCO durante su 30º periodo de sesiones, que se celebró en París en 1999.

Este día tiene como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.” ( UNESCO)

 

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Francisco López, uno de “mis niños”

Queridas familias:

Desde que comencé mi andadura como maestra, hace ya muchos años, he dado las clases con la ilusión de que entre mis alumnas y alumnos, podría estar la personita que, en el futuro, quizás llegue a ser la que encuentre la cura del cáncer, la diabetes, u otras enfermedades, por qué no. A menudo, pienso  que en nuestras manos están los futuros escritores y escritoras, periodistas, médicas, médicos, y de otra cualquier profesión. Cuando piensas eso… hay una sensación de abismo, de vértigo ,y de profundo respeto a esas pequeñas vidas que tenemos en nuestras manos. Ser maestro o maestra no es solo alfabetizar, es un compromiso ético que va más allá de las letras y los números. Educar es cansado… muy cansado… pero nunca hay que perder la ilusión. Con esa ilusión, que espero no perder nunca, y que se que compartimos, os deseo felices vacaciones a todos y todas y os dejo un enlace de una anécdota que me ha ocurrido y que ilustra esto que os cuento. Un abrazo a tod@s. Y gracias por vuestro apoyo, que se que lo he tenido. Gracias.

Té, chocolate y café

Hubo un tiempo en el que yo no escribía, tocaba el piano. Aunque nunca fui realmente una pianista, solo una amante musical de ese instrumento. Eso me llevó a ser maestra de música, y allí llegué, a una nueva escuela, con 25 años. Me esperaban un teclado, una colección de discos,  un gran número de instrumentos de percusión, y por su puesto, mi flauta de madera. Por delante, más de cuatrocientos niños en lista, dispuestos a aprender de mí. No se trataba de fabricar músicos, sino, según mi perspectiva educativa, (que no es la misma que la de otros profesionales de la escuela), el de hacerlos amantes de la música, como yo lo era y lo soy.

Alguien me preguntó ya entonces: “¿ No te importa dar una María?” Respondí que en absoluto. Estaba orgullosa de ser una maestra de Educación Musical,  la maestra que rescataba con su música…

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